El Pompidou invierte 70 millones en su sucursal de Metz
(12/05/2010)




El Centro Pompidou de París celebra la apertura de su nueva sucursal en Metz desplazando 700 obras de su colección hasta esa ciudad del norte de Francia. Allí se ha construido un espectacular edificio con el que se pretende conseguir un efecto parecido al del Museo Guggenheim en Bilbao. El Pompidou-Metz, que aspira a recibir unos 400.000 visitantes cada año, se encuentra a una hora y media en tren desde la capital francesa, y aún más cerca de Luxemburgo, Alemania y Bélgica.
Diseñado por los arquitectos Shigeru Ban y Jean de Gastines, el nuevo museo es "una pequeña revolución a la francesa”, en palabras de su director, Laurent Le Bon, que fue conservador jefe del Museo Nacional de Arte Moderno de Beaubourg y promotor de la exposición de Jeff Koons en el Palacio de Versalles. Se refiere al ejercicio de descentralización sin precedentes que supone llevar a una pequeña ciudad de provincias parte de las colecciones de un museo nacional.
El objetivo es dar vida a "una quimera entre Arte y museo", que no tendrá colección permanente y que fomentará la creación artística con encargos a los mejores artistas contemporáneos. La nueva sucursal del Pompidou está destinada a provocar una radical trasformación cultural y económica en Metz, una ciudad con 130.000 habitantes, sólo conocida hasta ahora por su importante patrimonio medieval. Ahora se postula como una de las grandes capitales europeas del Arte contemporáneo, siguiendo el camino de Bilbao, donde la sucursal del Guggenheim aporta 184 millones de euros anuales al Producto Interior Bruto y más de 4.000 puestos de trabajo.
El Pompidou-Metz, situado junto a la estación del tren de alta velocidad, es una vasta estructura de planta hexagonal con 11.000 metros cuadrados de superficie cubierta con una espectacular cúpula textil que deja pasar la luz del sol y que durante la noche permite ver su bello esqueleto, construido con madera de pino.
En su interior se encuentran espacios no menos singulares, como las tres galerías rectangulares que se abren a otros tantos miradores orientados hacia lugares emblemáticos de la ciudad. Además, se han construido jardines, terrazas, un auditorio y sala de espectáculos con capacidad para 600 espectadores. El coste del edificio asciende a 70 millones de euros y su mantenimiento exigirá otros 10 millones cada año, de los que el 10 por ciento provendrá de sus propios ingresos.
La descentralización del Centro Pompidou fue propuesta en el año 2000 por su entonces director, Jean-Jacques Aillagon, que se convirtió en ministro de Cultura dos años después. Aillagon nació en Metz, por lo que la candidatura de esa ciudad no lo tuvo difícil para derrotar a otras aspirantes de primer nivel, como Lille, Lyon y Montpellier.
Para iniciar su andadura, el Pompidou-Metz se ha traído de París más de 700 obras maestras de autores de la talla de Pablo Picasso, Henri Matisse, Salvador Dalí, Vasily Kandisky y Alberto Giacometti. Entre ellas se encuentran piezas fundamentales de la colección de su hermano mayor, como ‘La Tristeza del rey’, de Matisse, ‘Josephine Baker IV’, de Calder, y ‘Femme a la tête rouge’, de Picasso, que casi nunca se prestan a otros museos. El objetivo es “reflexionar sobre lo que es una obra maestra”, desde el punto de vista histórico y en la actualidad.
La exposición inaugural, titulada ‘Obras maestras’ entre interrogantes, permanecerá abierta hasta el 25 de octubre, e incluye también unas 80 piezas prestadas por otras instituciones públicas y privadas. "Hemos querido mostrar que el concepto de obra maestra es una noción relativa", explica el director del Pompidou-Metz, que quiso ahondar y cuestionar el "misterio de la creación" de esas grandes obras.
‘¿Obras maestras?’ ocupa los 5.000 metros cuadrados del edificio destinados a exposiciones, repartidos en tres plantas, cada una dedicada a un tema. En el piso bajo, un enorme espejo colocado en el techo refleja las 17 salas en las que se recorre la evolución del concepto de obra maestra en distintas etapas de la Historia. Una planta más arriba, se rinde homenaje a los museos y salas de exposiciones que abrieron en Francia desde 1937, con maquetas de edificios como el Quai de Branly, de París, la Fundación Luis Vuitton, diseñada por Franck Gehry, o el MuCEM de Marsella. En esa misma planta se exhiben también grandes obras de Alberto Giacometti, Yves Klein, Pablo Picasso, Vassily Kandisnky y Fernand Léger, entre otros maestros del siglo XX.
En la tercera galería, el Arte, la arquitectura y el urbanismo se entremezclan y un sorprendente efecto óptico hace que el espectador se sienta empequeñecer a medida que avanza hacia el mirador desde el que se contempla la catedral de Metz.