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Reabre el Albertinum de Dresde tras extensa restauración
(20/06/2010)
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Reabre el Albertinum de Dresde tras extensa restauración
Seis años de trabajo y una inversión de 51 millones de euros han convertido la histórica sede de la Galería Albertinum en el museo más moderno de la ciudad alemana de Dresde. Con una superficie expositiva que cuadruplica a la original, el renovado Palacio Zwinger acoge de nuevo los tesoros artísticos que se tuvieron que evacuar urgentemente cuando el Albertinum sufrió las consecuencias de las inundaciones de 2002.

La planta baja del edificio, que tiene 1.200 metros cuadrados, alberga ahora una colección de escultura que comienza con Auguste Rodin y llega hasta la escultura contemporánea de Anthony Caro y Tony Cragg. Entre unos y otros, maestros ya fallecidos como Henry Moore, Barbara Hepworth y Fritz Wotruba.

El Albertinum, que hasta hace unos años se dedicaba únicamente a la escultura clásica, es ahora un moderno museo que arranca en el Romanticismo y prolonga su discurso expositivo hasta el Arte más actual. Para ello se ha construido sobre el patio interior del edificio un luminoso espacio de dos pisos a 17 metros sobre el nivel de la calle, con lo que la colección del museo estará siempre a salvo de posibles desbordamientos del río Elba.

La financiación de las obras corrió a cargo de los presupuestos del Gobierno federal y de los del Estado de Sajonia, a los que se vino a sumar el dinero conseguido con la subasta de medio centenar de obras de Arte donadas por artistas como Gerhard Richter, A.R. Penck y Georg Baselitz. Los tres iniciaron su carrera en Dresde y ahoral cuentan con sus respectivas salas y hasta un archivo destinado a los estudiosos de su obra.

Otras áreas del Albertinum se dedican a contraponer el Arte de las dos Alemanias separadas tras la Segunda Guerra Mundial, con la presencia de artistas tan significativos como Sigmar Polke, Neo Rauch, Wedrner Tübke o Wolfgang Mattheuer. También se dedica toda una sala al pintor y escultor Max Klinger y otros autores simbolistas como Franz von Stuck, Arnold Boecklin, Ferdinand Hodler o Gustav Klimt.

No falta tampoco una nutrida representación de los impresionistas franceses y alemanes, como Claude Monet, Edouard Manet, Lovis Corinth y Max Liebermann. El grupo expresionista ‘Die Brücke’ (El Puente), fundado precisamente en Dresde en 1905, está representado con pinturas de Karl Schmidt-Rottluff, Ernst Ludwig Kirchner y Emil Nolde, junto a las que se exhiben algunos objetos de la colección del Museo Etnográfico para subrayar la influencia que tuvo sobre ellos el llamado Arte primitivo.

Hay también pinturas de Otto Dix, del que se incluye el impresionante tríptico ‘La guerra’, y de Oskar Kokoschka, que vivió en Dresde entre 1917 y 1923. No faltan tampoco representantes de la Nueva Objetividad, con Karl Hofer a la cabeza, aunque la parte del león se la llevan los artistas alemanes del Romanticismo, de quienes se muestran alrededor de 300 obras firmadas por Caspar David Friedrich, Carl Gustav Carus, Johan Christian Dahl y Ludwig Richter.

Con el nueva Albertinum, Dresde mira con orgullo al futuro tras haber alojado 450 años de coleccionismo que se iniciaron cuando el príncipe elector Augusto instaló en su palacio una cámara destinada a acoger objetos antiguos como manuscritos, relojes y toda suerte de instrumentos científicos. Sus sucesores fueron enriqueciendo la colección en el emplazamiento de la antigua armería de la ciudad, que recibió el nombre de Albertinum en homenajeal rey Alberto I de Sajonia.