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Una visión turbadora de Henry Moore en la Tate Britain
(27/02/2010)
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Una visión turbadora de Henry Moore en la Tate Britain
Más allá de las amables figuras reclinadas de Henry Moore hubo un artista profundamente afectado por la crisis cultural, el pesimismo y la ansiedad que marcó a la generación que vivió entre las dos grandes guerras del siglo XX. Ésa es la novedad, sorprendente y turbadora, que ofrece la Tate Britain Gallery de Londres hasta el 8 de agosto en una retrospectiva que reúne centenar y medio de obras del escultor británico más importante de los últimos cien años.

Moore vivió personalmente las terribles escenas de la Primera Guerra Mundial, de hecho fue uno de los escasos supervivientes de un batallón gaseado por el ejército alemán en la batalla de Cambrai (1917). Aquella experiencia, de la que hablaba como una "visión pesadillesca de carne putrefacta", explica buena parte de su iconografía de los años posteriores, marcada al mismo tiempo por la influencia del psicoanálisis freudiano y las nuevas ideas sobre el cuerpo y el sexo.

Moore rechazó desde muy joven el ideal de belleza clásica y encontró otro más afín a su sensibilidad en culturas como la egipcia, la peruana y la mexicana de los tiempos precolombinos. El mejor ejemplo de ello es su impresionante ‘Reclining figure’ de 1929, una obra inspirada en la escultura tolteca de Chac-Mool, el dios de la lluvia de Chichén Itzá.

A mitad de camino entre la Figuración y la Abstracción, las esculturas de Henry Moore se caracterizan por su arquetípica representación de la figura humana, formas dominadas por las oquedades y escenas familiares de gran formato que se exhiben en las principales colecciones de Arte al aire libre de Europa y los Estados Unidos. Pero Moore fue un artista de amplio registro, radical en todos los aspectos de su vida, y con una veta inquietante y oscura que los responsables de esta exposición han querido subrayar.

"Se había olvidado su filo crítico, su oscuridad, su sexualidad”, explica Chris Stephens, comisario de la retrospectiva en la Tate Britain, que compara la reacción de Henry Moore frente a la guerra con la de otros creadores de su generación, como el poeta T.S. Eliot o el novelista D.H. Lawrence. "No se puede apreciar correctamente su trabajo sin comprender el contexto de las dos guerras mundiales y el Holocausto", dice.

Calificada como la exposición más importante sobre Moore de las últimas décadas, la selección de Stephens recorre 40 años de creación a través de dibujos y esculturas en piedra, metal y madera. Todas las salas comienzan su recorrido con alguna obra alusiva a la maternidad, un tema que el artista denominó su "obsesión fundamental". Las ambiguas estatuas parecen suscitar interrogantes sobre la naturaleza humana que “van más allá de la maternidad”, según Chris Stephens, que ha seleccionado también algunos de los dibujos más importantes de la serie realizada por Moore entre 1940 y 1941, en los que retrata a personas que duermen apiñadas en refugios antiaéreos para huir de los bombardeos alemanes.

Fueron esos dibujos fechados en Londres los que impulsaron definitivamente la carrera de Henry Moore, proporcionándole fama internacional, aunque ahora sean mucho más conocidas sus grandes figuras recostadas, curvilíneas y distorsionadas a base de cortes ovales en la piedra o la madera.

La Tate Gallery aporta a la exposición algunas de sus mejores piezas, no en balde se trata de la colección más importante del artista británico, junto con el Centro de Escultura Henry Moore de la Galería de Ontario, corresponsable de esta retrospectiva.