Valladolid exhibe la ortodoxia de la imaginería barroca
(05/07/2010)




Una exposición con piezas emblemáticas de la imaginería católica del siglo XVII triunfa estos días en Valladolid, donde el Museo Nacional Colegio de San Gregorio muestra hasta el 30 de septiembre una selección de las pinturas y esculturas que tanta suspicacia despertaron en el mundo protestante. La muestra, que ya causó sensación en Londres y Washington, reúne 26 tallas y cuadros de artistas que en su mayoría conjugaban ambas disciplinas.
Muchas de estas obras nunca habían abandonado los lugares donde permanecieron desde hace siglos, ya que se trata de objetos de devoción popular en muchos de los casos. Seguramente por eso, nunca obtuvieron en el mundo anglosajón el reconocimiento artístico que merecen. Como explica, Xavier Bray, autor de la selección, “si en Italia fue Caravaggio quien desarrolló un modelo de pintura muy dramática en la que gente del pueblo posaba para representar episodios de la Biblia, en España se dio otro tipo de realismo pictórico, influido por la escultura policromada”. El estilo de pintores como Zurbarán y Velázquez deja ver a las claras esa influencia procedente de la contemplación de las imágenes sagradas en las iglesias y en las procesiones de Semana Santa.
Xavier Bray no ha preparado una exposición antológica, sino de tesis, basada en el mecenazgo de los monjes dominicos, cartujos y franciscanos en la España de la Contrarreforma. Gracias a ellos, artistas como Martínez Montañés, Alonso Cano, Gregorio Fernández o Pedro de Mena infundieron en los temas sacros un realismo que contrasta con la idealización que imprimían a sus personajes autores de etapas anteriores, como Alonso Berruguete o Gaspar Becerra. Para ello no dudaron en utilizar el vidrio para hacer ojos y lágrimas, marfil para los dientes y corcho teñido de rojo para simular la sangre coagulada sobre el cuerpo de Cristo.
El Arte de la policromía era también parte importante del aprendizaje de los pintores de la época. Incluso hubo momentos en que los escultores tenían prohibido pintar sus propias obras por mandato gremial. Gracias a ello, imagineros y pintores colaboraron estrechamente, como en el caso de Juan Martínez Montañés con Francisco Pacheco, o el de Pedro Roldán con Valdés Leal.
‘Lo Sagrado hecho Real. Pintura y escultura española 1600-1700’ ofrece una oportunidad única de evaluar esos aspecto del Arte español en el Museo Nacional Colegio de San Gregorio, que dedica toda la primera planta del Palacio de Villena a exponer piezas de su propia colección junto a otras procedentes del Museo del Prado, el Bellas Artes de Sevilla, la National Gallery de Londres y varias iglesias y monasterios de toda España.
El comisario de la muestra, que es el máximo responsable de la National Gallery en materia de pintura europea del siglo XVII, tuvo que hacer grandes esfuerzos para convencer a las autoridades eclesiásticas de la importancia de que las piezas de culto pudieran viajar durante más de un año. Para ello contó con la inestimable ayuda del arzobispo de Westminster, Vincent Nichols. Fue él quien escogió personalmente algunas de las esculturas, como ‘María Magdalena meditando sobre la crucifixión’, de Pedro de Mena. También se interesó por el lienzo de Zurbarán que representa a San Serapio, mártir inglés de la orden de los Mercedarios que luchó contra los moros junto a Alfonso IX de Castilla. Finalmente, ambas piezas pudieron contemplarse en Gran Bretaña.
Mención especial merecen también el ‘Crucificado’ de Zurbarán, una pintura tenebrista donde la figura de Cristo emerge con fuerza casi escultórica de un fondo oscuro; el ‘San Francisco de Borja’ de Alonso Cano; y el ‘Cristo yacente’ y ‘Ecce Homo’ de Gregorio Fernández, auténticas obras maestras que dejaron mudos a la mayoría de los que disfrutaron esta exposición a su paso por Londres y Washington.